martes, 19 de mayo de 2009

LA SITUACIÓN DE ANDALUCÍA EN EL FRANQUISMO

INTRODUCCIÓN
La evolución del franquismo en Andalucía va a seguir las mismas pautas que en el resto de España. No obstante, en Andalucía se van a presentar una serie de particularidades fruto de su historia y de sus características políticas, sociales y culturales. Durante el franquismo se confirma el subdesarrollo y la dependencia de Andalucía con el resto de España, sobre todo la del Norte y Este, a la que suministra productos primarios y mano de obra; el desarrollismo de los años sesenta no solo no palia los desequilibrios territoriales sino que las aumentan. La típica concentración de la propiedad va a ser que Andalucía sea de las pocas regiones de España donde persistan los jornaleros. La oligarquía terrateniente andaluza va a tener mucha importancia y contacto con el generalísimo, hasta el punto de convertirse en uno de los lobbys de presión más importantes del franquismo. En lo que respecta a la cultura Andalucía es utilizada como la imagen de España de cara exterior, pero lo que se utiliza de Andalucía es el folklore más rancio, los tópicos más tradicionales y la imagen romántica del siglo XVIII. La tonadillera, el torero, el mundo del caballo, la Semana Santa o el Rocío, las sevillanas... van a ser utilizadas como estereotipos a exportar.

La Andalucía de la pachanga y de la pandereta fue utilizada por Franco para convertirla en señas de identidad de España entera. La pervivencia actualmente de muchos de esos tópicos y de la imagen que damos en otras regiones y países de nuestro entorno. La Andalucía luchadora, trabajadora, culta, "revolucionaria", fue sustituida por la copla, los toros, las sevillanas, el caballo y sobre todo la "grasia andaluza". Hasta tal punto eso fue así, que López Rodó contestó a las tímidas críticas que se le hacían sobre el escaso desarrollo industrial andaluz, diciendo que con la "grasia" que teníamos, para que queríamos industria. Carlos Cano en una canción de los años setenta, decía que si, que mucha "grasia" en Andalucía, pero para derramarla en las vendimias del Rosellón. Andalucía, por tanto, no sólo sufrió una gran represión para borrar cualquier secuela de la República, sino que fue objeto de una propaganda atroz cuyas consecuencias estamos pagando todavía.



I.- EL PRIMER FRANQUISMO. 1939-1959

SITUACIÓN POLÍTICO – SOCIAL

El problema agrario español había tenido uno de sus epicentros en Andalucía y esta región históricamente había sido fuente de innumerables conflictos campesinos. Electoralmente durante la segunda república siempre se inclinó a la izquierda, por ello la llegada del franquismo supuso una tremenda represión en esta región en el intento de borrar la sociedad y los objetivos políticos republicanos. Una gran cantidad de líderes de partidos políticos de izquierda y sindicatos, intelectuales, miembros de las profesiones liberales y jornaleros significados políticamente con la república fueron asesinados, encarcelados o tuvieron que exiliarse, tanto exteriormente como interiormente a través del maquis o de los topos. Especial relevancia tuvo el maquis en Andalucía que se refugio en Sierra Morena o los sistemas béticos. Por otra parte, la oligarquía terrateniente andaluza que había colaborado estrechamente con los nacionales, pasó a liderar el movimiento nacional a través de la falange. Estos terratenientes reclutaron rápidamente una gran cantidad de cargos intermedios para el régimen. Así, el caciquismo, si ya no en su fórmula electoral, si en forma de dominación de una minoría a una mayoría, recobró una gran fuerza en Andalucía siendo la región donde el caciquismo durante el franquismo tuvo más presencia. La incorporación a la falange fue importante, bien para conseguir seguridad o para optar a los beneficios que otorgaba el régimen a sus militantes - cargos, mercado negro, etc.- Por otra parte, la tradicional rebeldía de la clase campesina andaluza desapareció por completo; las causas hay que buscarlas en la propaganda y la feroz represión y en la conciencia de que habían perdido la guerra. Pero ello no sólo explicaría la docilidad de la clase trabajadora, sino de la sociedad andaluza en general. Algunos sociólogos relacionan este conformismo con el escapismo a través del cante, baile, la "huerga", los toros... en definitiva el tópico de "la grasia andaluza". Todo ello en el contexto de unas condiciones sociales injustas, un subdesarrollo económico y un analfabetismo casi general dentro de la mayoría de la clase trabajadora.

ASPECTOS ECONÓMICOS

Andalucía sufrió vivamente los efectos devastadores de la Guerra Civil y del aislamiento político y económico..

La autarquía económica trajo consigo un cierto auge de la agricultura, especialmente de los cereales, que produjo un incremento de las ganancias, pero que, debido al mercado negro sólo beneficiaron a los terratenientes y a sus allegados. Aunque durante la autarquía políticamente se produce una vuelta al campo, valorando sus actividades y su forma de vida, en la práctica la política económica del franquismo se centró fundamentalmente en la industria y en el comercio. El hambre, la escasez y la miseria de la autarquía afectaron especialmente a Andalucía, donde tradicionalmente las condiciones de vida de una gran parte de la sociedad, los jornaleros, ya eran bastante pésimas

LA SITUACIÓN DE ANDALUCÍA EN EL FRANQUISMO
A partir de 1955, se produjo una mejora económica, que posibilitó la creación de nuevos regadíos, llevados a cabo por el INC, que afectaron principalmente al Valle del Guadalquivir. Pero al igual que al principio del franquismo que se le
devolvieron las propiedades a los propietarios afectados por la reforma agraria de la segunda república, en esta ocasión también beneficiaron a los grandes propietarios, ya que la propiedad, aunque fuera regadío, siguió muy concentrada.

La industria de Andalucía era escasa y con un fuerte predominio de las industrias agroalimentarias, de las de carácter artesanal y con un escaso desarrollo del tejido industrial. Entre las industrias destacan la harinera, las almazaras, la industria del vino, la de la remolacha o los núcleos mineros de Huelva, Córdoba y Jaén o algunas empresas dedicadas a la industria aeronáutica, artillería, tabacos, etc, que habían comenzado su andadura en el primer tercio del siglo XX.


II.- EL SEGUNDO FRANQUISMO. 1959-1975

ASPECTOS POLÍTICOS-SOCIALES

La pérdida de influencia de los políticos de la falange y del catolicismo tradicional -sustituidos por los tecnócratas del OPUS- trajo consigo una disminución del peso político y social de Andalucía en España, al hilo del paso de una sociedad tradicional rural a otra moderna, urbana e industrial. A cambio Andalucía se convirtió en la esencia cultural de España; los toreros, los cantantes, las tonadilleras, los humoristas que no eran de Andalucía hacían esfuerzos por parecerlos. Pero centrándose en la Andalucía de la charanga y de la pandereta.

Los cambios demográficos que se producen en estos años constituyen uno de los fenómenos más importantes de la historia de Andalucía. La pobreza y el escaso desarrollo económico hicieron que muchos andaluces emigraran las regiones más desarrolladas de España - Cataluña, Madrid, País Vasco y Valencia- y a diversos países de Europa. Entre 1950 y 1975 fueron casi un millón y medio los andaluces que abandonaron sus tierras. Esta emigración procedía fundamentalmente del mundo rural, lo que unido a la emigración hacia las ciudades andaluzas nos hace estar ante el mayor éxodo rural de la historia de Andalucía. El mundo rural no sólo sufrió un vaciamiento de su población más activa, sino también un abandono que profundizó la dependencia y el subdesarrollo del mundo rural andaluz. Las ciudades andaluzas, en cambio, sufrieron un gran crecimiento económico, surgiendo grandes barrios obreros, que en la actualidad constituyen la parte más importante cuantitativamente de nuestras ciudades actuales. Paralelamente, cambio la estructura de la población activa, disminuyendo el sector primario y aumentado el secundario y el terciario, pero el sector primario en Andalucía seguía siendo el más importante de España.

En lo que respecta a la estructura social, la oligarquía terrateniente andaluza perdió peso con respecto a la industrial y financiera. Las clases medias tuvieron un gran auge, sobre todo en las ciudades y disminuyó el número de jornaleros, por la emigración, no obstante, Andalucía seguía siendo la región de España con mayor número de ellos.

El desarrollismo de los años sesenta incorporó a la sociedad andaluza el consumismo propio, pero ello ocurrió en las ciudades y en las clases medias y altas, existiendo un alto porcentaje de la población del mundo rural, sobre todo, los jornaleros, ajenos a este proceso. En cuanto a la política de protección social del franquismo de esta etapa tuvo bastante incidencia en la sociedad andaluza, sobre todo en aspecto como la educación o la salud, pero habría que esperar hasta los años ochenta para llegar a un verdadero estado del bienestar.

ASPECTOS ECONÓMICOS

A partir de los años sesenta, se inició una política de desarrollo industrial con la aplicación de los Planes de Desarrollo. Se crearon los Polos de Desarrollo de Sevilla, Huelva y del Campo de Gibraltar- con claros motivos políticos para contrarrestar el desarrollo del peñón inglés-, a los que posteriormente se les sumaron los Polígonos Industriales de Córdoba, Granada y Málaga. De estos sólo tuvieron un cierto desarrollo los de Sevilla, Huelva, Campo de Gibraltar y Málaga; el resto fracasaron rotundamente. Las causas hay que buscarlas en la mala canalización del capital andaluz y en la falta de una burguesía emprendedora. En realidad, más que una industrialización de Andalucía asistimos al desarrollo de enclaves industriales muy mal conectados entre sí. Los desequilibrios regionales en España aumentaron desfavorablemente para Andalucía; además dentro de la propia Andalucía también subieron los contrastes regionales; entre Andalucía Occidental y la Oriental; entre la costa y el interior.

El sector de los servicios fue el que experimentó una mayor expansión; superior a las de las regiones más desarrolladas de España. Dicha expansión se basó en el constante proceso de urbanización de la población y, sobre todo, en el desarrollo del turismo, verdadero motor de la economía de esta época. Es el momento en que se produce una verdadera explosión turística en la Costa del Sol malagueña, que progresivamente se iría extendiendo por toda la costa andaluza, convirtiendo a Andalucía en uno de los principales centro del turismo internacional. Desde entonces, ante el fracaso de la industrialización andaluza, el turismo se convertiría en la principal fuente económica de Andalucía, tendencia que continua en la actualidad. Junto a los aspectos positivos del turismo, además de los económicos, hay que hacer mención a los sociológicos, tenemos que reseñar otros negativos como la especulación, el desorden urbanístico, la pérdida de tradiciones o los efectos negativos a otras actividades económicas - fundamentalmente la agricultura y la pesca-.

LA EMIGRACIÓN ANDALUZA

Entre 1950 y 1975 un millón y medio de andaluces abandonaron sus tierras en busca de mejores condiciones de vida. El trabajo de estos andaluces contribuyó al desarrollo económico de países como Francia o Alemania y de regiones españolas como Cataluña, País Vasco, Madrid o Valencia. Además, contribuyeron al desarrollo de su región posibilitando la modernización de la agricultura e ingresando divisas y dinero para sus zonas de residencia. No obstante, las dificultades de estos emigrantes andaluces fueron muy importantes; al proceso de adaptación a un nuevo trabajo, cultura y lengua (en la mayoría de los casos) hay que unirle el hecho de que tuvieran que soportar los procesos xenófobos que toda emigración conlleva. En la actualidad, Andalucía se ha convertido en una tierra de inmigración, es necesario que no olvidemos los sacrificios y los desprecios que sufrieron estos emigrantes andaluces.

EL INICIO DE LA DESAPARICIÓN DEL VIEJO PROBLEMA AGRARIO ANDALUZ

El viejo problema agrario español se ha ejemplificado con mucha fuerza en Andalucía y la concentración de la propiedad propia del latifundio. Recordemos que el latifundismo tuvo tres grandes momentos de concentración de la propiedad; el proceso de "Reconquista", el desarrollo comercial del siglo XVI y la desamortización del siglo XIX. Este problema agrario tuvo como consecuencia que las malas condiciones de los jornaleros condujeran a numerosas alteraciones del orden público y motines populares, que radicalizarían la vida política y social del siglo XIX y XX. El intento más serio de solucionar este problema tuvo lugar en la segunda República con la reforma agraria, pero el fracaso de esta contribuyó en parte al fracaso de la segunda república y la guerra civil. En los años sesenta empieza un proceso que paulatinamente nos va a llevar a la solución parcial del problema. Este no tiene nada que ver con las reformas técnicas llevadas a cabo ( ni durante el franquismo, ni durante la transición) sino con la crisis de la agricultura tradicional de los años sesenta. El éxodo rural disminuyó drásticamente la población activa y posibilitó la modernización de la agricultura.

En el contexto actual de la economía de mercado, donde la competitividad y la productividad son las reglas fundamentales; las economías de escala propias de los latifundios son un elemento favorable. No obstante, el proceso es lento y todavía en Andalucía existe una masa de jornaleros importante. A partir de la transición, se intentó paliar esta situación con el establecimiento del PER (ha tenido varias denominaciones). Recientemente el PP intentó hacer una transformación profunda de este sistema, pero debido a la gran movilización que hubo en su contra y a los posibles efectos electorales desistió.

Hoy se encuentra inmersa en la situación general del país en cuanto a política social, económica, infraestructuras, inmigración...

No hay comentarios:

Publicar un comentario